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Neuropsicología / Conducta 5 min de lectura

Cuando dices "después lo hago": Neuropsicología y procrastinación

Dra. María Daisy Jiménez
Dra. María Daisy Jiménez Octubre 2026 • Neuropsicóloga Clínica
Ilustración del cerebro y la gestión del tiempo
“Organizar el tiempo no es llenar una agenda: es aprender a dirigir nuestra atención, nuestras decisiones y nuestro propósito.”
person Inspirado en Santiago

Hay días en los que sabemos exactamente lo que debemos hacer y, aun así, no lo hacemos. Posponemos ese correo, dejamos para mañana el ejercicio, aplazamos una conversación importante o esperamos hasta el último momento para terminar una tarea. Entonces aparece una frase frecuente: “Necesito aprender a organizar mejor mi tiempo”.

Sin embargo, desde la neuropsicología podemos hacer una precisión importante: muchas veces el problema no está únicamente en el tiempo. Está en cómo administramos la atención, la motivación, las emociones y la conducta frente a aquello que debemos hacer. Todos disponemos de las mismas 24 horas, pero no contamos todos los días con los mismos recursos cognitivos y emocionales para administrarlas.

Procrastinar no siempre significa ser perezoso

La procrastinación implica posponer una actividad que sabemos que debemos realizar, aun cuando anticipamos que retrasarla puede traernos consecuencias negativas. No siempre es falta de interés o de voluntad. Comenzar y sostener una tarea exige poner en marcha procesos como establecer una meta, organizar los pasos, inhibir distractores, mantener la atención, estimar el tiempo, regular la frustración y sostener el esfuerzo.

Aquí entran en escena las funciones ejecutivas: capacidades que nos ayudan a dirigir la conducta hacia objetivos. Cuando una tarea se percibe como extensa, difícil, aburrida o emocionalmente incómoda, puede resultar más atractivo elegir una actividad que ofrezca una recompensa inmediata: revisar el teléfono, mirar un video, ordenar algo menos importante o convencernos de que mañana tendremos más disposición.

psychology_alt El ciclo de la procrastinación

Tengo que hacerlo arrow_forward Me genera malestar arrow_forward Lo evito arrow_forward Siento alivio arrow_forward Se acerca el plazo arrow_forward Aumenta la presión

Ese alivio inmediato puede reforzar el hábito de aplazar. Por eso, combatir la procrastinación únicamente con frases como “pon de tu parte” o “sé más disciplinado” suele ser insuficiente. También necesitamos comprender qué estamos evitando, qué emoción aparece frente a la tarea y qué condiciones facilitan o dificultan que podamos comenzar.

Tu cerebro necesita prioridades, no solamente una agenda

Una agenda llena no necesariamente representa una vida organizada. Podemos completar muchas actividades durante el día y, al finalizar, sentir que no avanzamos en aquello que verdaderamente era importante. Organizar el tiempo también implica priorizar, anticipar, secuenciar acciones y proteger la atención.

Una estrategia útil consiste en disminuir la carga ejecutiva de las tareas. En lugar de escribir “terminar el proyecto”, podemos transformarlo en acciones observables: abrir el documento, revisar lo pendiente, trabajar durante un periodo definido, hacer una pausa y continuar. Cuando una tarea tiene un punto de inicio concreto, disminuye la cantidad de decisiones necesarias para empezar.

También necesitamos cuidar la atención. Las interrupciones, las notificaciones y los cambios constantes entre actividades obligan a reorientar nuestros recursos cognitivos. Por eso, organizar el tiempo no significa solamente decidir qué vamos a hacer, sino también qué estímulos vamos a limitar mientras lo hacemos.

Aquí aparece una dimensión que con frecuencia queda fuera de las conversaciones sobre productividad: el sentido. La espiritualidad puede relacionarse con la búsqueda de significado, propósito, trascendencia y conexión con aquello que una persona considera profundamente valioso.

Desde esta perspectiva, administrar el tiempo deja de ser solamente una cuestión de productividad. La pregunta ya no es únicamente “¿cómo hago para alcanzar a hacer todo?”, sino también “¿a qué estoy dedicando mi tiempo y qué relación tiene eso con la vida que quiero construir?”.

Una persona puede aprender múltiples técnicas de productividad y continuar sintiéndose agotada si cada espacio disponible termina convertido en una nueva obligación. La espiritualidad puede aportar un marco de significado para priorizar. No reemplaza las herramientas psicológicas o neuropsicológicas, pero puede ayudar a preguntarnos si aquello a lo que dedicamos atención, energía y tiempo es coherente con nuestros valores.

No todo lo urgente es importante

Cuando tenemos demasiadas responsabilidades, podemos vivir respondiendo permanentemente a lo inmediato: mensajes, llamadas, pendientes, notificaciones y solicitudes externas. Sin embargo, reaccionar todo el día a lo urgente puede alejarnos progresivamente de aquello que consideramos importante.

Antes de comenzar el día puede ser útil preguntarnos: ¿qué necesito hacer?, ¿qué puedo dejar para después?, ¿qué es verdaderamente importante para mí hoy?

Cinco estrategias para dejar de pelear con el reloj

1 Divide antes de comenzar

Convierte las tareas grandes en acciones pequeñas, concretas y observables.

2 Define prioridades reales

No conviertas todos los pendientes en urgencias. Elige qué requiere atención primero.

3 Protege tu atención

Establece periodos con menos interrupciones y limita las notificaciones cuando necesites concentración.

4 Identifica qué estás evitando

Cuando aparezca el “después lo hago”, pregúntate qué emoción o incomodidad aparece frente a esa tarea.

5 Conecta la acción con un propósito

No preguntes solamente qué tienes que hacer. Pregúntate para qué vale la pena hacerlo y si esa acción se alinea con tus valores.

Organizar el tiempo también es aprender a vivir

Desde la neuropsicología sabemos que planificar, priorizar, inhibir distractores y mantener una meta activa requiere funciones ejecutivas. Desde la psicología comprendemos que las emociones pueden facilitar o interferir en esos procesos. Y desde la espiritualidad podemos incorporar una pregunta más profunda: ¿hacia dónde estoy dirigiendo mi vida?

Quizás administrar mejor el tiempo no consista en conseguir hacer cada vez más cosas. También puede implicar aprender a elegir: dónde colocar nuestra atención, qué merece nuestro esfuerzo, cuándo descansar, qué debemos soltar y qué resulta coherente con nuestros valores y nuestro propósito.

“Porque el tiempo no solamente se organiza. El tiempo también refleja nuestras prioridades.”
#Procrastinación#Atención#Neuropsicología#GestiónDelTiempo#FuncionesEjecutivas

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Semana 2 • Sobre Mí / Historia Personal

De las aulas de Seguridad y Salud en el Trabajo a la consulta clínica: mi historia como docente

Por Dra. María Daisy Jiménez Gutiérrez • Publicado en Puentes Neuronales

“En el aula universitaria comprendí que el estrés laboral, la sobrecarga cognitiva y la angustia no son abstracciones teóricas: son realidades biológicas que transforman profundamente la conducta de las personas.”

1. El aula como observatorio de la conducta humana

Durante años dedicados a la docencia universitaria formando a futuros especialistas en Seguridad y Salud en el Trabajo (SST) y supervisando prácticas profesionales de psicología, tuve el privilegio de observar una constante: detrás de cada baja laboral, de cada error operativo o de cada conflicto de equipo, existe un cerebro sometido a demandas que sobrepasan sus recursos de autorregulación.

2. Por qué decidí especializarme en neuropsicología clínica

La docencia en SST me hizo notar que los modelos tradicionales de intervención solían separar el entorno laboral de la dimensión biológica y emocional. Me pregunté: ¿Cómo podemos pedirle a un colaborador que regule su frustración si sus funciones ejecutivas están agotadas por privación crónica de sueño o microtraumas no resueltos?

Esa pregunta fue el catalizador para profundizar en la neuropsicología clínica, dirigir proyectos de investigación aplicada y coescribir artículos científicos. Quería tener las herramientas psicométricas y biológicas para entender qué ocurre exactamente en los circuitos cerebrales cuando una persona está al límite.

Mi filosofía de trabajo: Un enfoque integrador

No somos un cerebro aislado en un frasco, ni tampoco somos pura emoción sin sustrato neuronal. Mi práctica clínica en el Centro Médico Cognitiva 360° une esa tríada: rigor neuropsicológico para medir, sensibilidad psicoterapéutica para sanar y comprensión del entorno laboral y familiar para generar cambios sostenibles.

Dra. Daisy Jiménez
Dra. María Daisy Jiménez Gutiérrez Docente en SST • Neuropsicóloga Clínica • Reg. Ley 1090
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Semana 3 • Enfoque Terapéutico

Mente, emoción y conducta: el modelo que guía mi práctica clínica

Por Dra. María Daisy Jiménez Gutiérrez • Publicado en Puentes Neuronales

“No podemos cambiar una conducta sin entender qué emoción la sostiene, ni podemos calmar una emoción sin revisar los pensamientos que la disparan.”

1. El modelo triádico en consulta clínica

En cada sesión de valoración y terapia, utilizo un hilo conductor claro y bidireccional que conecta tres dimensiones humanas inseparables:

Diagrama Conceptual del Modelo
psychology 1. MENTE (Cognición)

Interpretaciones, sesgos, rumiaciones y creencias nucleares.

favorite 2. EMOCIÓN (Neurobiología)

Respuesta autonómica, angustia, tristeza, miedo y tensión física.

directions_walk 3. CONDUCTA (Acción)

Patrones de evitación, aislamiento, reactividad o hábitos adaptativos.

Las flechas circulan en ambas direcciones: cambiar la conducta retroalimenta el cerebro y calma la emoción.

2. Ejemplo clínico anonimizado

Imaginemos el caso de "Carlos", un directivo que consulta por insomnio y tensión muscular constante:

  • Mente: Pensamiento automático: "Si cometo un solo error en esta presentación, perderé mi empleo."
  • Emoción/Cuerpo: La amígdala activa taquicardia, opresión en el pecho y descarga de cortisol.
  • Conducta: Pasa horas revisando obsesivamente el mismo informe (hipervigilancia) y luego posterga la llamada decisiva (conducta de evitación).

Al intervenir terapéuticamente no solo le pedimos que "se relaje". Reestructuramos la cognición, regulamos el sistema nervioso con técnicas basadas en neurociencia y entrenamos conductas de exposición gradual.

Dra. Daisy Jiménez
Dra. María Daisy Jiménez Gutiérrez Neuropsicóloga Clínica • Terapia Cognitivo-Conductual
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